martes, 30 de agosto de 2011

El año de la muerte de Ricardo Reis (José Saramago)




Considerada una de las mejores novelas de José, El año de la muerte de Ricardo Reis, habla de la relación que ocurre en los nueve meses posteriores a la muerte de Fernando Pessoa (30-nov-1935) y uno de sus heterónimos, Ricardo Reis. La novela está considerada maestra por la atmósfera lisboeta que maneja y al hecho de que toda la novela está escrita en tiempo presente. A lo largo de estos nueve meses (o 506 páginas) vamos adentrándonos en la Lisboa de esa época y cómo, se van dando eventos históricos ya conocidos por todos (la Guerra Civil Española, la tensa víspera de la Segunda Guerra Mundial, la expansión del fascismo en Italia, entre otras).

La llegada de Ricardo Reis, desde Brasil, al Hotel Braganza, es el comienzo, donde conoce a Lidia, camarera de la cual se enamora y luego embaraza; ahí también conoce a Marcenda, hija de un prominente hombre, ella ha dejado de mover su mano izquierda y buscan infructuosamente recobrar el movimiento; en el inter ella se enamora de Ricardo y luego Ricardo se enamora de ella. En un punto, Ricardo mantiene una relación física con Lidia y una platónica con Marcenda. Al final se queda con ninguna. Al lado de las relaciones amorosas quasi-fallidas de Ricardo, mantiene una sui-géneris relación de ultratumba con el fantasma de Fernando Pessoa, quien solo tiene nueve meses para perderse en la memoria del tiempo y lo aprovecha para conversar con Ricardo. Este fantasma lo tiene todo menos el considerarlo como un ser espectral o que genere miedo, no atraviesa paredes, no come y es algo tímido. En algunos momentos llegué a pensar que el muerto era Ricardo más que Fernando. En estas visitas, Fernando y Ricardo conocen más sobre el significado de estar vivo y de estar muerto. Aunque el ambiente es frio y gris, se asoman tímidamente el amor y la esperanza en los puntos críticos para mantener el temple de los personajes.

Una novela que se antoja lenta, pero en realidad es espectralmente ligera. Si eres ya asiduo a la lectura de Saramago, es una pieza que debe leerse despacio para paladearla en todo su esplendor literario.

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